Lucía Herguedas Verdía (filología clásica)
A menudo se tiende a comparar el esquema de la comunicación literaria con el de la comunicación hablada. Sin embargo, al profundizar un poco más en la comparación se pueden encontrar divergencias que hacen de esa comparación un hecho un poco dudoso. En literatura, la comunicación va más allá del simple emisor, receptor, código, mensaje, contexto etc. No hay más que leer una simpla poesía amorosa o de cualquier otro tipo, y se verá que hay un desdoblamiento del emisor, como el poeta que escribe, y lo que sería el narrador. Enl a comunicación diaria no existe este fenómeno. Lo mismo ocurre en el caso del receptor, que en literatura puede ser simplemente el mismo lector o ser una persona creada por el poeta, a quien se dirigiría el narrador poético.
La comunicación hablada es instantánea, in praesentia (aquí habría que exentar las conversaciones por teléfono o por messenger, por ejemplo), y permite la retroalimentación, según la cual el emisor puede comprobar que el receptor entiende el mensaje (por ejemplo, preguntando "¿Se entiende?" en una clase). Una vez acabada la comunicación, muere el mensaje, al menos que tanto el emisor como el receptor la conservasen en la memoria para siempre, cosa que es muy improbable.
Por el contrario, el mensaje literario se realiza in absentia, es decir, que el emisor hace llegar el mensaje al receptor estando este en ausencia. No es necesario que tanto emisor como receptor estén juntos para que la comunicación tenga lugar. Se trata también de un mensaje utópico, y también universal, puesto que el emisor escribe para un público amplio, universal, y no solo para una sóla persona. Cualquier persona del mundo puede llegar al mensaje, esté donde esté. Mensaje utópico porque, como dicho antes, llega a cualquier parte del mundo gracias a la traducción.
El mensaje literario existe aún después de la muerte del emisor, permanece para siempre. Es ucrónico, al contrario que la comunicación cotidiana, que, como se explica antes, desaparece en cuanto el emisor y el receptor olvidan el mensaje, o alguno de ellos fallece. Sin embargo, hay que tener en cuenta que si no hay lector que lea el mensaje literario, este sería como si no existiera, como si nunca fuese emitido. Aunque es muy dificil que no haya una sola persona que no lea un humilde mensaje literario teniendo en cuenta los millones de personas que hay en el mundo.
Hay que añadir también que no existe la retroalimentación en el mensaje literario. El emisor no tiene manera de comprobar que la comunicación ha tenido lugar, y que el receptor no ha tenido problemas para descodificar el mensaje.
Como conclusión, la comparación de ambos esquemas de comunicación tal vez sea poco creíble, pueste que la literaria es mucho más compleja que la otra. Pero ante esto planteo una cuestión que resultaría interesante, o tal vez poco útil, y que es ¿cual es la comunicación más útil, o la mejor? ¿la literaria, que siempre prevalece, o la cotidiana, que es más personal, instantánea y que permite la retroalimentación?
viernes, 21 de marzo de 2008
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